Suena el despertador, son las 6 y cuarto de la mañana. ¿Temperatura exterior? Menos siete grados. Planteado así, sobran los motivos para apagar la alarma de un manotazo, girarse sobre uno mismo y seguir durmiendo. Pero ese día no. Saltamos de la cama, nos abrigamos y montamos en el coche. Las perspectivas de ver el sol alzándose sobre el Cañón del Colorado y contemplar el atardecer en Monument Valley son motivación suficiente para enfrentarse al frío y al madrugón. Seguir leyendo