Ahora que ya estamos en Canadá y a pesar de que aún no hemos llegado a nuestro destino y  que tenemos por delante días de aeropuerto, fronteras, estaciones y mal dormir, por fin tenemos un poco de tiempo para echar la vista atrás y darnos cuenta de lo frenética que ha sido esta última semana en Tarragona.

El listado de cosas pendientes para estos últimos días era largo: renovar pasaporte y DNI, contratar una póliza de seguro, cambiar las tarifas de móvil para conservar nuestros números, visitas médicas de última hora para ahorrarnos sorpresas desagradables, un último esprín en el trabajo para asegurarnos de que lo dejamos todo bien atado, los inevitables trámites bancarios para asegurarnos de que los bancos de turno no nos desangran con conceptos estúpidos como eso del “mantenimiento de las cuentas”, algunas compras de último momento, modificar el padrón, prepararnos las mochilas y, en el último suspiro, conseguir el carnet de conducir. Pero, sin duda, lo más pesado de todos estos días ha sido tener que empaquetar y hacer la mudanza para repartir todas nuestras cosas entre las casas de los padres de uno y del otro.

Deconstruir una vida es algo realmente complejo. Se necesita un método porque, antes o después, necesitaremos reconstruirla a partir de las piezas que dejamos aquí. Y aunque nos hemos esmerado en tenerlo todo bien etiquetado y ordenado, me huelo que habrá algunas cosas que pasarán a esa realidad alternativa donde se esconden los calcetines sin pareja y las gomas del pelo perdidas y de la que nunca vuelve nada.

Resulta increíble comprobar la gran cantidad de cosas que llegan a acumularse después de tres años de convivencia. Cosas útiles y cosas inútiles hasta el absurdo. Esta ha sido quizás una de las lecciones más importantes que nos hemos llevado estos últimos días: dos personas no necesitan acumular una veintena de tuppers por mucho que todos ellos tengan distintos tamaños y propósitos; por mucho que creas que quizás algún día vas a usar esa bengala de salvamento marítimo o ese kit para hacer horchata casera… no te engañes. No lo vas a usar nunca. Es tan inútil como guardar las Páginas Amarillas.

Obras de arte casera: Deconstrucción vital en cubos de fibra vegetal y arquitectura efímera de equilibrio inestable

Obras de arte caseras tituladas «Deconstrucción vital en cubos de fibra vegetal» y  «Arquitectura efímera de equilibrio inestable»

Finalmente todas nuestras cosas se han comprimido en una treintena de cajas y unos 8 viajes con el coche cargado hasta los topes. Cargar y doblar el lomo ha sido cansado, pero lo más duro ha sido despedirse del piso. La verdad es que ha sido triste porque al fin y al cabo es un lugar donde durante dos años hemos sido muy felices y sabemos que podríamos seguir siéndolo durante mucho tiempo pero en vez de eso, de conformarnos con esta dorada medianía, de forma voluntaria y abrupta le ponemos fin a toda esta estabilidad y nos lanzamos de cabeza a la incertidumbre y a la emoción que supone una aventura como la nuestra.